domingo, 23 de marzo de 2008

Mi primera vez...



...en las luchas.

Hace algunas semanas fui a un evento, espectáculo, no se como explicarlo, tradición de México. La lucha libre. Aunque soy un mexicano de 29 años, nunca había asistido en vivo a las luchas, cuando niño me encantaba verlas por televisión en casa de mis abuelos, junto con mis primos. Como olvidar la vuelta de cabeza del “Super muñeco” al terminar un lance sobre la tercera cuerda.



O la sensación y revuelo que era ver al “Vampiro canadiense”, primero como chico malo en el bando rudo y después vuelto metrosexual al bando técnico.



Pero crecí, apareció la lucha libre de la AAA y sentí que todo era un espectáculo basado en un contrato perfectamente arreglado. En fin, me decepcioné de las luchas y no volví a estar pendiente de los encuentros entre rudos y técnicos.

Pero hace casi un mes un amigo comentó que fue a ver las luchas en la legendaria Arena México, las del CMLL (Consejo Mundial de Lucha Libre) y que le encantó el ambiente, lleno de chavitos, chavos y no tan chavos de todo tipo y sobre todo de la picardía que caracteriza a los mexicanos. Al grupo no le pareció mala idea asistir para ver como estaba la “onda” y sacar un poco a nuestro naco interior a pasear.

En fin, llegamos el viernes en los alrededores de la arena se siente el ambiente a luchas: vendedores de papitas, refrescos, botanas y sobre todo máscaras hacen su lucha para sacar la papa del día. Compramos unos asientos a ras de piso, aunque desgraciadamente no hasta enfrente. Yo esperaba escuchar a los comentaristas, pero ¡oh, sorpresa! en la arena no narran la lucha, pero los comentarios por parte del público son mucho mas amenos y explícitos. Hubo de todo:

Edecanes salidas de un table dance.



Luchadores y comentaristas novatos.

Lucha de mujeres (nada como ver a Dark Angel dando maromas e imaginarla haciéndote unas llaves en privado).

Y no olvidemos la lucha estelar de tríos, entre ellos se encontraban el Místico y el Hijo del Perro Aguayo.

Pues fuera de mi opinión de que la lucha es un contrato perfectamente arreglado, también es todo un show presenciarlas, realmente, si no se ponen de acuerdo los luchadores pueden salir muy mal parados. Saltar desde la tercera cuerda no se ve fácil, hacer saltos mortales hacia atrás y no pegarle al público no es cosa de payasos, aunque algunos se enmascaren como tales. Pero como decía el roce con todo tipo de público es genial. Nunca oí tanto desprecio y cariño en un mismo lugar. A las admiradoras diciendo palabras obscenas al grado que en unas ocasiones hasta me sonrojé de la pena ajena. Ver a los niños intentar tocar al luchador y sentirse grandes por ver a los gladiadores en la arena, echarse unas chelas con tu máscara puesta y jugar “luchitas” con los cuates.








También sentir el antagonismo de rudos contra técnicos es una experiencia digna de repetirse, ver a la arena abucheando y vitoreando a sus respectivos favoritos. Ver a todos los estratos sociales reunidos en un solo lugar no es muy común pero las luchas lo logran, puedes ver a turistas impresionados con las llaves y “planchas suicidas”, a los niños fresas, a los no fresas y todos gozando como enanos.

También es de recalcar que tus amigas y otras tipas van a fotografiar al luchador mas sabroso o sacarle una foto a escondidas al niño fresa de la fila de enfrente, es tan natural como pedir chelas en el lugar, también les deberían aplicar la ley de miradas lascivas a ellas.

Me quedé mudo de gritar sandeces a los luchadores y apoyarlos, aplaudí todos y cada uno de los saltos desde la cuerdas y maromas de los luchadores son algo excepcional.

Recomiendo ampliamente asistan a un evento tan mexicano como las luchas y recuerden: Dios perdona, ¡los perros no!

viernes, 7 de marzo de 2008

Mi vigésimo noveno aniversario.

Todo empezó unas semanas antes de que se llegara el magnífico día 2 de marzo, cuando visitando uno de mis sitios de rock favoritos www.oidossordos.net, vi que en el antro llamado Dada X se presentarían Erzsebet y la Casta el vienes 29 de febrero. Me dije a mi mismo: ¡Celebra tu cumpleaños antreando en el Dada X! Erzebet es un grupo de rock gótico que prende en escenarios populares, pero cuando se trata de escenarios con cover, pierde a su audiencia obscura (pinches darkies amarrados). De la Casta no hay palabras para describirlos, es un grupo legendario en México e iban a apadrinar a los mencionados anteriormente.

Una vez visto la hora y lugar, envié el correo electrónico con la convocatoria al festejo de mis cumpleaños a mis amigos briagos de cabecera, incluía a unos personajes adicionales para amenizar el día. Una vez dispuesto todo, solo restaba esperar el día 29 de febrero. Para mi sorpresa unos días antes un amigo nos pidió de favor donáramos sangre. ¡Demonios! Maldita conciencia de ayudar a los cuates en desgracia. Por un momento pensé que la juerga que me esperaba se podía ver afectada por mi sentido altruista. Quedamos en pasar al banco de sangre el viernes por la mañana, me sangraron (solo plaquetas y un poco de plasma). Pero la enfermera que nos atendió a mí y otros donadores masculinos hizo demasiado hincapié en que deberíamos esperar 4 horas antes de tomar. ¿Por qué habrá sido la advertencia? ¿Acaso se nos notaba la ansiedad de satisfacer nuestra sed con una chela? En mi caso casi me altero cuando dijo que no podríamos chupar y me calmé cuando dijo que solo por 4 horas.

En fin en la noche, mis cuates de mil batallas (borracheras sin sentido o motivo especial) caímos en el Dada X. Esperamos a que Erzsebet presentara su disco, el sonido de la batería apagó al resto de los instrumentos. Necesitan un ingeniero en audio que los salve de esos peligros y no tengan actuaciones grises por falta de ayuda técnica. Me sorprendió ver que una de mis mejores amigas llegara a ver a un grupo gótico nomás por tratarse de mí, siendo que ella es mas fresona que yo.

La Casta salvó la noche, aunque no tocaron sus éxitos como son: El loco, Transfusión, El Cenit y otros tantos que provocan hacer headbanging, se rifaron el físico sobre todo con 2 rolas de dominio popular: El Jinete (de José Alfredo Jiménez, siempre combina con tequila y un dolor de amores) y Cruz de olvido (un bolero que algunos padres y nuestros abuelos acostumbran), obviamente con un tratamiento para que se escucharan MEROL. Con todo respeto al tributo de Enrique Bunbury a José Alfredo, la Casta demostró que la música mexicana solo se toca con “feeling” en México. Respeto mucho la versión de Bunbury, pero la Casta la hizo sonar a death metal y de una noche gris en el antro paso a ser uno de mis mejores celebraciones de cumpleaños y ya ni mencionar la cruz de olvido cuyo toque estuvo poca madre.

La celebración de mi cumple no termino ahí, al siguiente día (sábado 1 de marzo), en casa de mi madrina me hicieron mi pastel, un gesto agradable de mi familia y en la noche nos seguimos en el Irish Pub para celebrar mi cumpleaños y el de otro de mis amigos, igual bebimos y cantamos unas rolas rockeras para no variar. Por cierto el vallet parking de dicho antro ubicado en Satélite ¡¡¡apesta!!! No lo usen, porque se van a llevar un desagradable mal rato.

El día domingo 2 de marzo, crudo y desvelado fui a una fiesta de niños de mi sobrina quien para su mala fortuna siempre cuenta con un tío en estado etílico en su cumpleaños. Al terminar su fiesta su papá me invitó a echarme unas chelas, accedí gustosamente a su invitación.

El lunes mis amigos y compañeros de trabajo me llevaron a Hooters a celebrar, la chicas horrorosas de ese lugar me cantaron mis mañanitas y me sonrojé, nunca vi a tantas mujeres juntas cantándome (bueno nunca a tantas en shorts y playeras ajustadas). Gracias amigos.

Todavía el día de ayer castigué a mi hígado con unos tragos en la Hija de Moctezuma, una cantina que frecuentaban mis profesores de la vocacional y que mis cuates y yo teníamos ganas de conocer.

Ha sido un maratónico y etílico vigésimo noveno aniversario, ¿qué me deparará el próximo? ¿debería crearme grandes expectativas? ¿llevaré un entrenamiento de manejo de desveladas y resacas? Son unas de las cuantas incógnitas a resolver este año.