En alguna ocasión todos sin excepción alguna tenemos que entrevistarnos con alguien para solicitar trabajo. Esta es la humilde experiencia de mi vida. Cuando era recién egresado de la escuela y durante mi año sabático (de pranganón en la casa), me habló un amigo de la universidad comentándome que en su chamba actual se abrió una plaza para programador que si no estaba interesado.
Como buen “farsante” de ingeniero en quiebra que era le dije que si, le pregunté los pormenores del trabajo: horario, sueldo, salario, hay mujeres guapas, borrachos, etc.
Me dijo que no me preocupara, que eran un poco explotadores, pero que pagaban regular de acuerdo a la experiencia del sujeto. Así que como no tenía una mejor oferta en puerta, le mandé mi currículo adornado con unas mentirillas sostenibles y esperé a ver qué sucedía.
Unos días después se comunicaron conmigo, me entrevistaron; dentro de las preguntas clásicas estaban:
¿Qué estudios tienes?
¿Qué experiencia tienes?
¿Sabes para que te requerimos?
Pero una de ellas fue del tipo capcioso. ¿Bebes?
De repente no supe que responder, me vino un “flashback” instantáneo de todas las borracheras en las que perdí el conocimiento durante la vocacional y superior, recordé que no hace mucho tiempo casi iba a dar a los separos por culpa de los drinks, recordé de las vaqueras exprime-mochilas para adquirir pomos y todas esas acciones que se llevan a cabo cuando uno se alcoholiza. Francamente, me dio un poco de vergüenza descararme y admitir que bebía y que lo hacía como cosaco. Así que mi mente pensó: admite que bebes pero no mucho, no te descares ahorita y no les va a extrañar verte echarte un drink de vez en cuando.
Así que contesté con toda seguridad: Un poco y solo en compañía. Nunca he sonado más falso e hipócrita en mi existencia. Mi entrevistador dijo, no te preocupes, aquí de repente nos vamos al bar, era para saber si encajabas o no. Me sentí aliviado.
Me hicieron una prueba de conocimientos la cual respondí sin mayor problema, negociamos el sueldo; aquí cabe recordar que no se vendan por menos dinero del que crean que valen; no porque se esté desesperado y jodido permitan que el capitalismo los consuma.
Pero la anécdota no termina ahí, posteriormente, me hablaron para decirme que me aceptaban pero tenían que hacerme un examen médico previo a mi ingreso a la empresa, éste era un lunes y como de costumbre el fin de semana (el sábado) me fui con mis cuates de mil borracheras y bebimos lo acostumbrado, suficiente alcohol como para llegar el lunes todavía destilando al examen médico, todo iba bien hasta que me pidieron un examen de orina; recordé la pregunta ¿bebes? Y me respuesta: Un poco y solo en compañía. Malditos exámenes antidoping. Caí en contradicción. A leguas se iba a notar mi alcoholismo. Menos mal caí en el departamento de sistemas, donde todos son igual y hasta mas alcohólicos que uno. Viendo esta reflexión en retrospectiva: No nieguen al ingeniero que traen dentro, si no beben no encajan. La pregunta de ¿bebes? Es para saber si cuentan con un cuate mas en el “dolor” de trabajar y eres parte del equipo.
martes, 29 de enero de 2008
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2 comentarios:
jajajaja tipico e ti cab.
Recuerden que la apariencia cambia, pero la esencia perdura.
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