
...en las luchas.
Hace algunas semanas fui a un evento, espectáculo, no se como explicarlo, tradición de México. La lucha libre. Aunque soy un mexicano de 29 años, nunca había asistido en vivo a las luchas, cuando niño me encantaba verlas por televisión en casa de mis abuelos, junto con mis primos. Como olvidar la vuelta de cabeza del “Super muñeco” al terminar un lance sobre la tercera cuerda.
O la sensación y revuelo que era ver al “Vampiro canadiense”, primero como chico malo en el bando rudo y después vuelto metrosexual al bando técnico.

Pero crecí, apareció la lucha libre de la AAA y sentí que todo era un espectáculo basado en un contrato perfectamente arreglado. En fin, me decepcioné de las luchas y no volví a estar pendiente de los encuentros entre rudos y técnicos.
Pero hace casi un mes un amigo comentó que fue a ver las luchas en la legendaria Arena México, las del CMLL (Consejo Mundial de Lucha Libre) y que le encantó el ambiente, lleno de chavitos, chavos y no tan chavos de todo tipo y sobre todo de la picardía que caracteriza a los mexicanos. Al grupo no le pareció mala idea asistir para ver como estaba la “onda” y sacar un poco a nuestro naco interior a pasear.
En fin, llegamos el viernes en los alrededores de la arena se siente el ambiente a luchas: vendedores de papitas, refrescos, botanas y sobre todo máscaras hacen su lucha para sacar la papa del día. Compramos unos asientos a ras de piso, aunque desgraciadamente no hasta enfrente. Yo esperaba escuchar a los comentaristas, pero ¡oh, sorpresa! en la arena no narran la lucha, pero los comentarios por parte del público son mucho mas amenos y explícitos. Hubo de todo:
Edecanes salidas de un table dance.

Luchadores y comentaristas novatos.
Lucha de mujeres (nada como ver a Dark Angel dando maromas e imaginarla haciéndote unas llaves en privado).
Y no olvidemos la lucha estelar de tríos, entre ellos se encontraban el Místico y el Hijo del Perro Aguayo.
Pues fuera de mi opinión de que la lucha es un contrato perfectamente arreglado, también es todo un show presenciarlas, realmente, si no se ponen de acuerdo los luchadores pueden salir muy mal parados. Saltar desde la tercera cuerda no se ve fácil, hacer saltos mortales hacia atrás y no pegarle al público no es cosa de payasos, aunque algunos se enmascaren como tales. Pero como decía el roce con todo tipo de público es genial. Nunca oí tanto desprecio y cariño en un mismo lugar. A las admiradoras diciendo palabras obscenas al grado que en unas ocasiones hasta me sonrojé de la pena ajena. Ver a los niños intentar tocar al luchador y sentirse grandes por ver a los gladiadores en la arena, echarse unas chelas con tu máscara puesta y jugar “luchitas” con los cuates.
También sentir el antagonismo de rudos contra técnicos es una experiencia digna de repetirse, ver a la arena abucheando y vitoreando a sus respectivos favoritos. Ver a todos los estratos sociales reunidos en un solo lugar no es muy común pero las luchas lo logran, puedes ver a turistas impresionados con las llaves y “planchas suicidas”, a los niños fresas, a los no fresas y todos gozando como enanos.
También es de recalcar que tus amigas y otras tipas van a fotografiar al luchador mas sabroso o sacarle una foto a escondidas al niño fresa de la fila de enfrente, es tan natural como pedir chelas en el lugar, también les deberían aplicar la ley de miradas lascivas a ellas.
Me quedé mudo de gritar sandeces a los luchadores y apoyarlos, aplaudí todos y cada uno de los saltos desde la cuerdas y maromas de los luchadores son algo excepcional.
Recomiendo ampliamente asistan a un evento tan mexicano como las luchas y recuerden: Dios perdona, ¡los perros no!
1 comentario:
que bien!!!
bienvendido al grandioso mundo del arte del pancracio.
jejeje
WAGNER!!!! WAGNER!!!!!
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