martes, 29 de julio de 2008

Cautivo de la Ca...sta.

El pasado viernes 18 de julio; vi por segunda vez, en este año, a la Casta presentarse en un antro (Vive Cuervo Salón) y por segunda vez en este año me han dejado tan feliz como un chamaco que cumple años el 6 de enero.


Todo empezó así, chateando con mis amigos como de costumbre acerca de las chavas guapas que desinteresadamente suben sus fotos al hi5 para el deleite de nuestras pupilas. El “Mosh“ me comentó que Lucybell, la Maldita y la Casta se iban a presentar, y como suelo responder le dije: ¿para cuando están? Mosh respondió: Para este viernes, ¿compro los boletos? Fede respondió: Ya estás, te encargo uno (por cierto todavía no le pago el boleto y espero me siga dando crédito). Mi cuate consiguió boletos e inclusive uno de más y nos dispusimos a ir al concierto. Quedamos que el viernes, yo pasaba a su casa para irnos al concierto.


Llegué al depa de mi cuate, y traía una jarra (cosa inusual para un ingeniero el viernes por la tarde) y traía además un trío de Kentucky (si, un trío de piernas de ratita de Nueva York) y en menos de lo que nos saludamos cenamos temprano, para variar en el comportamiento de un macho que se respeta, al comer mi cuate se embarró la camisa con salsa y el otro macho que se hace respetar (o sea yo) se burló de su habilidad al comer. Total, que se cambió y para completar la tarde se vistió igual que yo, para decir que pertenecemos al grupo “los twinkys” (cuyo único objetivo son las groupies). Después llego nuestro cuate “neumático” y procedimos a llegarle al concierto.


Pasamos por una amiga a su trabajo y finalmente llegamos al antro ese donde se presentaría la Casta, unos cuates ya nos esperaban en la zona VIP, donde debes consumir 2 pomos al menos (en un table solo piden uno y dan bailes gratis). Subimos, checamos el lugar, nos echamos un pisto y bajamos a ver tocar a Lucybell, quienes por cierto traían un audio de la fregada ya que no se oía para nada la voz del vocal, en fin el Mosh como de costumbre se adelantó a llegar a las filas de enfrente para disfrutar el concierto, después de terminarme mi drink me llevé a mi amiga a escuchar a nivel del cancha a Lucybell. Llegamos a la filas de adelante y nos reencontramos con el Mosh. Pegamos de brincos y aullidos un rato.


Regresamos a darle cran a la primera botella de la noche, mientras tocaba Salón Victoria, realmente no soy fanático del ska así que casi ni los pelé. Pero llegó un buen momento con la Maldita quienes son otros que no fallan en los conciertos, volvimos a descender con los mortales a pegar de brincos y aventones para gozar de los clásicos de la Maldita: Solín, Pachuco, un poco de sangre y sudor después de ese ejercicio aeróbico nos quedaron a deber Kumbala, pero ya era mucho abusar.


Finalmente llegó la Casta en su decimonoveno aniversario, tocaron a morir, tocaron los clásicos: Cautivo de la calle, Tloque nahuaque, la fiebre de Norma, el loco, viejo veneno; en fin un sinfín de rolas que me hicieron enronquecer por cantarlas. La entrega del grupo fue total tocaron hasta que nos cansamos, aunque pensaban hacer las suyas al irse sin tocar las que a mi gusto son las rolas mas chidas de la Casta: Transfusión, Noches de tu piel y Cenit. Pero como buen público mexicano, gritamos “otra”, “otra” hasta que regresaron y se rifaron dichas rolas. No tuvieron madre, se le agregó una dominatress (el explayado y unos fetiches) que tocaban el violín muy bien.


A todos los escuintles que puedan leer este blog les envío un consejo: escuchen a la Casta, disfruten a la Casta en vivo e invítenme cuando eso suceda. Es un excelente grupo.

miércoles, 9 de julio de 2008

¡Qué! ¿No puedo pagarlo?

Continuando con mis frases célebres, esta surgió un día en que mi hermana y yo fuimos a un Sanborn’s para chacharear un rato. Por ahí andaba yo en la zona de discos y dvd’s, como de costumbre, viendo que se me subía; mientras mi hermana andaba en el área de damas viendo bolsos.

Ella llevaba unos meses de empezar a trabajar, cuando, de pronto me grita ¡¡¡ven hermano!!! Y ahí voy y me enseña una bolsa de unos cuantos cientos de pesillos. Ya se veía una bolsa como para una ingeniera química y como buena mujer me preguntó mi opinión acerca de la bolsa y precisamente le dije que se le vería bien. Pero, como mi hermanita apenas iba ganando para sus chácharas se le hizo cara, como que no le caía el veinte de que ya era independiente y autosuficiente y dudó en comprársela. Yo, al ver su reacción, reflexionar un poco y verme unos años atrás reflejado en ese espejo, le dije: ¡Qué! ¿No puedes pagarla?

Acto seguido, ella comenzó a reír, mejor dicho a carcajearse y le dije: ¿porque no darte un lujillo? Tómatelo como un premio a tus desveladas, a los regaños, a los días aplastada en una silla detrás de una computadora y verás que apenas te dura la bolsa para darte un momento de alegría.

Después de ese evento, la frase la volví mía, suelo tener cierta disciplina para el ahorro, razón por la cual muy rara vez tengo deudas y puedo darme esos lujillos. Por eso cada vez que deseo algo y se me hace oneroso, excesivo, soberbio u otro adjetivo similar, me digo a mi mismo: ¡Qué! ¿No puedo pagarlo?

Aunque después se convierte en un modo de vida donde sale a relucir farol que llevo dentro. Pero como dicen los Cadillacs (quienesvienen en noviembre) en Calaveras y diablitos: La vida es para gozarla, la vida es para vivirla mejor. Y con eso en mente se justifica la altanería y soberbia de la frase para darse el gusto, por el puro placer de dárselo.