lunes, 11 de agosto de 2008

No me puedo estar sosiego.

Algunos me llaman vagales, pata de perro, pranganón y no les voy a refutar ninguna de ellas. La verdad por mas que deseo e intento quedarme un fin de semana a descansar en casa; siempre sale un compromiso. Este sábado una amiga me invitó a escuchar a un par de fulanos tocar rock en su café y ya que soy adicto a ambas cosas pues fui. Aunque dicho evento fue temprano y me regresé igualmente temprano a la casa, no me libré de la típica parranda de sábado. A las 3 de la madrugada e hiperjetón recibí una llamada de una amiga (esposa de un brother) quien bautizó a su hijo y no me invitó (nótese lo ardilla) para saber ¿cómo estaba? y recriminarme lo cortado que me he vuelto, que ya ando chocheando, etc., etc. Después de escuchar sus impertinencias por teléfono e invitarme unas frías para limpiar su culpa, acepté caer en su casa para departir a gusto, siempre y cuando pasaran por mí su esposo y otro cuate.

Al fin de cuentas terminamos en una casa que no era la acordada y filosofando acerca de nuestras vidas, ya entrada la mañana fuimos a comer una deliciosa birria a uno de mis lugares predilectos al lado del Club Billar Guadalajara. En fin que buena forma de empezar un domingo, desvelado, no muy crudo y comiendo antojitos mexicanos.

Por mas que busco el autocontrol siempre hay fuerzas malignas que me invitan al vicio y finalmente termino cediendo ante el lado oscuro de la fuerza.

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